jueves, 30 de marzo de 2017

Peloteros cubanos: No lloren ni imploren más.


Varios peloteros cubanos de grandes ligas han manifestado su deseo de participar en el clásico mundial de béisbol representando a su país. Loable empeño. Quieren vestirse con un uniforme que porte como nombre lo que ellos llaman «gloriosas cuatro letras» y ustedes saben a qué me refiero: CUBA.
Y no son uno ni dos. Son prácticamente todos y de cualquier liga en los Estados Unidos. Todos, aunque dicho sea de paso, muchos no se lo merezcan por malagradecidos y arrogantes.
A estas declaraciones tímidas y serviles ha respondido el «gobierno de Cuba» a través de su marioneta de turno: el nuevo Comisionado de Béisbol en tono prepotente y airado: «Cuba no abrirá las puertas a los “desertores». Así que ustedes, «peloteros cubanos», no tendrán cabida en un equipo cubano por desertores, por traidores y vende patrias.  
Ya antes el esbirro de la mesa redonda, de cuyo nombre no quiero acordarme, llamó a un corredor de pista cubano que competía en las olimpiadas por otro país: "ex cubano”. Pues estimados, eso mismo son ustedes para ellos. No cubanos o ex cubanos, como más bonito les suene el calificativo.
Dejen de mendigar un derecho que es de ustedes y sin el consentimiento de la dictadura. Como el que tienen los jugadores de cualquier nacionalidad que juegan en la MLB. Yo dudo mucho que en Israel haya más de un estadio de Baseball (si es que lo hay) y los jugadores judíos, representaron gloriosamente a sus raíces y a su país. Como también lo hacen los de Puerto Rico, Dominicana, y hasta los de Venezuela que viven hoy día una dictadura con el sello del Castro way of power.  
Métanse en sus cabezas (o en la de sus representantes) porque dudo que muchos de ustedes tengan esa capacidad autónoma de pensar por sí solos, que son ellos, los títeres del gobierno de Cuba, los que tienen que suplicarles a ustedes que vistan el uniforme de CUBA.
El flamante comisionado, dejó abierta una futura consideración, (y viniendo de quien viene), no se podría esperar nada bueno. Recuerden que las condiciones las van a ponen ellos y tendrán que hacer un mea culpa público y pedirle perdón al pueblo cubano por haber desertado del país, y no duden que hasta los presionen para que digan lo que ellos quieren que el pueblo escuche, como por ejemplo, que muchos de ustedes fueron obligados a desertar bajo amenaza de esa mafia que se dedica al tráfico ilegal de personas (pero que dicho sea de paso, los sacó a ustedes de ser unos pobretones alcohólicos y sin futuro).
Dejémonos de cuento señores. Si ustedes lo que quieren es jugar en el clásico mundial, entonces soliciten al comisionado de MLB que como residentes Haitianos que son la mayoría los dejen representar a Haití y vestir un uniforme que diga: Haití (made in Cuba con letras chiquitas).
Verán entonces, como les muerden la furia.

Y no olviden nunca que El mayor de todos los cubanos dijo: Los derechos se toman, no se piden. Se arrancan, no se mendigan.

domingo, 26 de marzo de 2017

Ingobernable.


El pasado día 24 disfruté de un maratónica jornada de 13 capítulos de la nueva serie Ingobernable que se estrenó en Netflix bajo el sello de la casa productora “Argos” de Epigmenio Ibarra y como productora y actriz, Kate del Castillo.
La serie nos envuelve de una manera magistral en el día a día de la sociedad mexicana y por qué no, en el de muchas sociedades en nuestro continente y en el mundo entero donde el juego del poder impone las reglas y ahora sí que cambiamos la famosa frase que siempre se pone al inicio de esas historias que pueden levantar ronchas: Cualquier parecido con la realidad, es pura realidad.
Dos bandos muy bien marcados. Por un lado el poder de la clase poderosa. Los hombres de dinero, los políticos, los militares, la DEA, la CIA y los presidentes en turno. Por el otro el poder de un inframundo paralelo donde lo inimaginable se hace visible y además real. Ese poder el barrio grande de Tepito, donde no hay cabida a lo imposible y donde impera su propia ley.
La trama es fabulosamente terrorífica y recrea una ficción que refleja la realidad sin tapujos y sin metáforas y muestra, los cojones que tiene este equipo de producción para meterse hasta la cúspide del poder y decirle al pan, pan y al vino, vino. Créanme que estoy impresionado.
Esta serie no es tan solo un acto de valentía porque suena también a un grito de guerra dado a que el mensaje es muy específico y directo a la cara. Es una especie de House of Card a lo mexicano, donde por primera vez se muestra el precio que se paga por esa gran ambición de muchos por llegar a Los Pinos y lo que representa para un presidente y una primera dama jugar en esas grandes ligas del poder, donde parece ser que ellos son los que menos poder poseen.
Ahora la bomba estalló. Quien sabe cuál será la reacción del gobierno, y de ser como lo muestra la serie, sería mejor que los autores y la productora salgan corriendo porque no dudo ni tantito que puedan terminar enjaulados en uno de esos tantos Centros de Detención clandestinos que usa el ejército para evaporar lo que haya que desaparecer para no dejar huellas de toda la mierda y la injusticia en la que estamos viviendo.
Ingobernable lo ha logrado y con este trabajo rinde un gran tributo a los miles de mexicanos desaparecidos desde que inició esta guerra sin sentido orquestada por el ex presidente Calderón y al mismo tiempo denuncia la realidad inequívoca de corrupción e impunidad en la que vive hoy el país.
Termino esta opinión mandándole una felicitación a todos el equipo que hizo posible este proyecto, a sus directores, escritores, productores y actores quienes con una excelente actuación le dieron el sello de lo mejor que se hecho para la televisión en los últimos tiempos.   
Los invito a que disfruten de esta magistral historia. Ustedes dirán si tengo o no razón. 



viernes, 10 de marzo de 2017

¿Brillará Cuba de nuevo en los Clásicos Mundiales de Béisbol?


Ayer me pasó algo muy triste. Veía el partido de Béisbol de Dominicana contra Canadá, esperando que empezara el de México. Fue una lluvia de sentimientos encontrados. Ver en el infield titular a un Adrián Beltré en la tercera base, a Manny Machado como campocorto, a Robinson Canó en la segunda base, a Edwin Encarnación en la primera base y con un Albert Pujols como su bateador designado me hizo imaginar al equipo cubano jugar con peloteros vigentes en la MLB.
Que diferente sería ver al cienfueguero Pito Abreu de los medias blancas de Chicago jugando en la primera base, a Yoenis Céspedes de los Mets de Nueva York jugando unos de los jardines, acompañado de Yasiel Puig de los L.A Dodgers y el actual regular de la selección cubana Alfredo Despaigne para no dejar fuera a quien merece estar en la alineación o de su propio hermano Yoelkis Céspedes que hoy defiende en jardín central del equipo cubano en el WBC 2017.  O ver al habanero Yunel Escobar que fue el cubano de mayor promedio en las Mayores en 2016 o a Kendrys Morales con los arreos puestos después de disparar 30 jonrones e impulsar 93 carreras en la serie pasada o ver a un Aroldis Chapman lanzar a más de 100 millas cerrando en el 9no ining.
Pero no. No se puede y soñar con esto pareciera imposible y el trasfondo me hizo poner triste. Esos peloteros a la vista del gobierno cubano, son traidores a la revolución y para la cúpula castrista sería una derrota que ese “Bando de traidores” vistieran la digna camiseta que dice CUBA, pero que excluye a los cubanos que no viven en CUBA.
Tristemente el deporte cubano también ha sido y sigue siendo víctima de la politización y el chantaje que nos tiene acostumbrado el gobierno cubano.
Que alegría sería para cualquier cubano, esté donde esté, ver a un equipo poder defenderse al tú por tú contra los mejores peloteros del mundo que por jugar en la MLB no son excluidos para representar a sus países de orígenes en el clásico mundial.
Nadie le dice a Canó traidor por decidir vivir en Estados Unidos y allá en república Dominicana vibran de alegría al verlo en el cajón de bateo o haciendo una buena atrapada en la segunda almohada.
Pero a nosotros los cubanos se nos priva hasta de poder ver nuestro deporte nacional representado por la élite del Béisbol mundial. Nada, que para jugar en el equipo Cuba, no solo hay que ser bueno, sino que hay que ser socialista y amar a la revolución de los Castro. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Los que aman a Fidel y su revolución, viviendo fuera de Cuba.



A raíz de la muerte del tirano, me he quedado impactado con todas las reacciones de dolor y llanto, de aquellos cubanos que siguen amando a Fidel y su revolución, pero viven fuera de la isla. Y quiero empezar diciendo que soy un fiel y respetuoso admirador de la democracia en toda la extensión de la palabra, pero en el caso del pensamiento cubano, hay cosas que rayan en lo absurdo y es entonces cuando tengo que salirme del respeto y manifestar mi inconformidad con tan gran incongruencia.
Y es entonces cuando me remito a la definición de hipocresía. Veamos que dice el diccionario: La hipocresía puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales o sentimientos. La hipocresía no es simplemente la inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace; sino que también es la falsedad que demuestra una persona.
Es decir, una persona hipócrita es aquella que pretende que se vea la grandeza y bondad que construye con apariencias sobre sí misma, propagándose como ejemplo y pretendiendo o pidiendo que se actúe de la misma forma, además de que se glorifique su accionar, aunque sus fines y logros estén alejados de la realidad.
En muchos idiomas, incluido el francés, un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad.
En el caso cubano, nos encontramos que esta definición va acompaña de algo que se inculcó a esa generación que nacimos con la revolución y que se llama Miedo. Veamos la definición: Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo, y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.
Desde el punto de vista neurológico es una forma común de organización del cerebro primario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la activación de la amígdala, situada en el lóbulo temporal.
Desde el punto de vista psicológico, es un estado afectivo, emocional, necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca angustia y ansiedad en la persona, ya que la persona puede sentir miedo sin que parezca existir un motivo claro.
Desde el punto de vista social y cultural, (que es la que más nos pega) el miedo puede formar parte del carácter de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y también se puede aprender a no temerlos, se relaciona de manera compleja con otros sentimientos y guarda estrecha relación con los distintos elementos de la cultura.
Desde el punto de vista evolutivo el miedo es un complemento y una extensión de la función del dolor. El miedo nos alerta de peligros que no nos han ocasionado algún dolor, sino más bien una amenaza a la salud o a la supervivencia. Del mismo modo en que el dolor aparece cuando algo nocivo ataca nuestro cuerpo, el miedo aparece en medio de una situación en la que se corre peligro.
Visto el miedo desde varios contextos, quiero entender, aunque confieso que no puedo, a todos esos cubanos que no quieren salir del CLOSET aun viviendo fuera de Cuba y se empeñan en defender e idolatrar al tirano que nos desgobernó por más de 58 años.
Entre la Hipocresía y el Miedo, esta fauna de capitalistas de izquierda, siguen jugando en los dos bandos. De seguro en conversaciones privadas hacen uso de la doble moral para hablar peste del gobierno cubano, pero ante las redes sociales manifiestan ese amor infinito por la imagen del tirano. Es muy complicado, porque toda esa generación que nacimos con la revolución, fuimos la generación del olvido, no asaltamos el Moncada, no estuvimos en el Granma, no estuvimos en la Sierra Maestra, no estuvimos en la derrota de Alegria del Pio, no recorrimos la isla derrotando a Batista y no nos tocó entrar a la Habana el 6 de enero del 59. Lo único que nos tocó fue recibir educación y salud “Gratis” y hacer cumplir los caprichos de Fidel y encima, vivir eternamente agradecidos por todo los que dio el comandante y su revolución. Qué bonito sería emanciparnos de tanta mierda.
Entre la Hipocresía y el Miedo, esta fauna de capitalistas de izquierda, teme mucho el perder algunos privilegios en la isla y quieren eternamente seguir quedando bien con Dios y con el Diablo.
Temen perder sus casas en Cuba o que los quiten de la libreta de abastecimiento, para que su familia no pierda las migajas que aun reciben del gobierno.
Temen perder su imagen de misioneros de la revolución disfrutando de las bondades que les da este sistema que está muy ajeno a su pensamiento marxista, pero cómo les da cosas materiales.
Temen hablar y manifestar las verdades que conocen y prefieren solo estar en el batalla, mirando desde las gradas o lanzando alguna consigna que no descubra su verdadera forma de pensar.
Amigos, no se trata de respetar como piensen, se trata de ser congruentes entre lo que se dice y lo que se hace, para entonces no caer dentro de esta nefasta clasificación de Hipócritas.
Ya salgan del closet, a fin de cuenta el gobierno y la ideología de la isla está en picada y si quieren seguir amando a ese gobierno, entonces sean congruentes y regresen a esa cuadra, donde de seguro los espera un comité, un día de guardia al mes y una libreta que perdura a pesar que no hay mucho que ofrecer, una revolución que agoniza pero intentar durar hasta que ya no haya a quien condenar por tantos crímenes.


miércoles, 1 de marzo de 2017

¿Habrá cambios en la isla cuando se vaya Raúl? ¿Tú que opinas?


Hace unos días se dio la noticia «Comienza la cuenta regresiva para la partida de Raúl Castro» y como ya estamos curaos de espanto, en lugar de alegrarme, la primera pregunta que me vino a la cabeza, es si esto por fin representará un cambio para el pueblo cubano. 
La burra no se volvió arisca de la nada y tristemente yo no les creo nada.
En el 2013, Raúl Castro comunicó a esa falsa que llaman Congreso en la Isla, su intención de retirarse, por fin, de la presidencia del Consejo de Estado — y con ello también de la jefatura de gobierno.
Pero en ningún momento dijo que el día que eso ocurriera, su sucesor saldría del voto del pueblo a través de unas elecciones libres y democráticas. Simplemente dejó entrever que su aparente sucesor será Miguel Díaz-Canel, un político que ha venido ascendiendo en las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC) y que fue promovido a primer vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros.
Y aunque pareciera fabuloso que por primera vez desde el 59, tome las riendas del poder en Cuba, alguien que no se apellide Castro, me queda la duda, que no sea el mismo perro con distinto collar.
Ya en Cuba, se vivió durante mucho tiempo la existencia de un presidente como figura decorativa, sin poder y sin voz ni mando. Solo estaba ahí para la foto, para recibir a algún jefe de estado y para el protocolo. Para los que no son cubanos, o para los cubanos más jóvenes, es muy importante que conozcan que entre los años 1959 y 1976, Osvaldo Dorticós ocupó formalmente el cargo de “Presidente de la República”, pero como ya mencioné, la fuerza del poder la tenían Fidel y su hermano Raúl.
Entonces, dejémonos de cuentos chinos. Sea quien sea el que tome el poder en Cuba, para que realmente represente un cambio para los cubanos, tendría que salir por medio de elecciones libres y democráticas. No por esa falsa de elecciones del poder popular en las que el pueblo vota por todos (los que el gobierno selecciona) y no por candidatos que realmente hayan salido de diferentes partidos políticos.
Tendría que existir un congreso en el cual haya una oposición real y no ficticia, para que esa Asamblea Nacional que hoy funciona, deje de ser un teatro donde solo se aprueben las directivas del único partido oficialista que ha gobernado en Cuba durante estos años de la dinastía Castro.
Raúl ha dicho que dejará de ser Presidente, pero no ha dicho que dejará de ser el Primer Secretario del PCC, y mucho menos que ese bendito partido que nos ha asfixiado durante años, sea un partido más de los tantos que puedan permitirse en la isla, ni tampoco ha dicho que esta flamante Asamblea Nacional esté integrada por dos o muchos partidos, como suele suceder en cualquier país democrático.
Tendría también que quitarle el poder a los militares, de lo contrario seguirán cuidando el trono para que en un futuro no muy lejano aparezca otro Castro e hijo de tigre, tigrito.
Mientras esto no cambie, en la finca nada cambiará y seguirá existiendo el poder detrás del trono de toda esa fauna criminal que nos ha desgobernado durante tanto tiempo.
Por lo que sigo pensando, que nada cambiará en la isla, como no cambió nada con el acercamiento al gobierno de Estados Unidos, ni con la reanudación de relaciones diplomáticas, ni con la visita del carismático Obama a la isla, ni con su discurso famoso ante toda la cúpula de dinosaurios que lo que menos quieren es perder su poder.
Así que una vez más, y sin que con esto sea pesimista, digo que en la finca de los Castro, todo seguirá igualito. Dejen ya de engañarnos.
¿Tú que opinas?


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